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Sabado 4 de Septiembre de 2010 17:09
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04/09/2010El PaísCaso Del Balzo: Una tragedia Anunciada![]() Cuando la muerte destapó una trama oculta de traiciones y engaños. La muerte de Roberto Del Balzo, abogado del fuero local, fue el epílogo de una historia de engaños, dinero y aprietes que terminó con una persecución digna de película de acción. -Por Hector Fain- Acusado por sus pares de maniobras ilegítimas a la hora de acceder a los casos judiciales, murió en manos de uno de sus propios colaboradores. La detención de sus victimarios cierra el círculo homicida pero abren un cúmulo de interrogantes acerca del móvil. Eran las cinco de la tarde de un sábado caluroso del 31 de octubre de 2009. La tranquilidad reinaba en los alrededores de la calle Brasil a escasos metros de la concurrida avenida Corrientes de Posadas. El calor imperante obligó a encender los acondicionadores de aire mientras los vecinos aprovechaban para realizar los quehaceres hogareños. Cerca de las 17 dos jóvenes rompieron la tranquilidad de aquella escena y caminaron hasta la casa del abogado Del Balzo. “Era un tipo respetuoso que llegaba y saludaba a todos, pero a todos nos llamó la atención la rapidez con que había refaccionado su casa. Sabíamos que en algo andaba”, manifestó días después una vecina que prefirió guardar su nombre bajo el anonimato. El único que observó la presencia de los dos sujetos fue el señor Acuña, padre de una oficial que luego tomaría trascendental importancia en el desenlace de la historia, quien se encontraba en la vereda de su casa cortando el césped que había crecido beneficiado por las temperaturas y las continuas lluvias que se registraron en Posadas durante el extinguido octubre. Él vio cuando los jóvenes tocaron el timbre y el letrado abrió la pequeña puerta del portón dejándolos ingresar al patio que antecede su vivienda. Después de una charla, los dos visitantes atravesaron el portón con rumbo a la avenida Corrientes, en ese momento el abogado los llamó para que volvieran antes ingresó en el vehículo Peugeot 206 que estaba estacionado frente a su domicilio para tomar los cigarrillos y volver al sitio donde habían comenzado el diálogo. Pero lo que había comenzado como una charla amistosa se tornó en una situación violenta que desembocó en un grito de “nooo” que se extinguió rápido por el estruendo de un arma de fuego que asustó a Acuña quien corrió al interior de su vivienda a contarle a su hija lo que estaba pasando, mientras la tranquilidad imperante se convirtió en nerviosismo. Eran ya casi las 17.30. Cristian Omar Kondratiuk, efectivo policial de sólo 21 años, y Jorge Da Rosa, estudiante de abogacía de la misma edad; no dudaron e ingresaron a la casa de su víctima. Subieron las escaleras sin cuidarse de no emitir sonidos y llegaron hasta la habitación de Del Balzo en donde Maira Zarjanovich descansaba mientras el aire acondicionado disimulaba los ruidos externos. Hasta que sintió los pasos y saltó de su lecho como si supiera que algo grave le estaba por pasar. Los agresores empujaron la puerta que se detuvo con fuerza empujada por la mujer de 27 años que entendió que su vida corría peligro. Forcejearon. Pero la fuerza masculina fue determinante y la mujer retrocedió hasta quedar contra la pared, donde la apuntaron y cayo desvanecida. La dejaron en el piso. Un hueco quedó en la pared manchada de sangre, fiel testimonio de lo que ocurrió. No hubo tiempo para más y ni siquiera revisaron la caja fuerte que luego se supo que contenía 25 mil pesos. Cuando llegaron a la puerta, se toparon con el cuerpo de su primera víctima. Yacía con cuatro disparos en el cuerpo. Uno en la cabeza, dos en el pecho y uno en el brazo. La primera reacción fue quitarle las llaves del vehículo de su novia, sitio del que antes había sacado los cigarrillos. Corrieron hasta llegar al vehículo donde fueron interpelados por la voz de “alto” que les asestó la oficial Acuña. No estaba vestida con su habitual uniforme sino con ropa de entrecasa, pero su actitud denotaba su rol policial. Kondratiuk tomó el mando del vehículo, Da Rosa el lugar del acompañante. Sintieron los golpes de los cuatro disparos del arma de la oficial. Uno de ellos ingresó por el parabrisas trasero y se hizo sentir cercano al cuerpo del conductor que entendió que debía huir por su propia vida. Su acompañante atinó a apretar la tecla de comunicaciones de su Handy para inutilizar la frecuencia de la fuerza policial. Pero Acuña logró dar aviso a través de su celular. Fueron detectados sobre la ruta nacional 12, a la altura del Mercado Central, por un móvil del Consejo de Seguridad Vial. Comenzó la persecución. Con el acelerador a fondo, la premisa era escapar al precio que sea. Llegaron al barrio Ñu Porá donde despistaron y volcaron en una calle interna producto de la velocidad alcanzada. Decidieron seguir su huida a pié mientras en sus rostros se notaba la desazón. Mientras tanto los efectivos de la Unidad Regional I se encontraban disputando un partido de fútbol, como lo hacen todos los sábados, cuando recibieron el alerta, debieron reforzar el bloqueo de los prófugos vestidos de deportistas. Cuando llegaron hasta el sitio donde el 206 volcó e interceptaron a los que, tiempo antes, habían asesinado a sangre fría. Cansados de huir, con cientos de pensamientos girando por su cabeza; creyeron que escapar ya no era una opción posible. Tal vez recriminándose el asesinato y la vía de escape, o tal vez no, Kondratiuk y Da Rosa fueron esposados y trasladados a la comisaría. PRECISIONES DE LOS ACTORES Cuando los detuvieron, el compañero de Cristian Kondratiuk gritaba que él había disparado, que lo dejaran libre, que este no tenía “nada que ver”. Las pruebas de parafina dictarían luego lo contrario ya que se divisaron manchas de pólvora en sus manos. Para los investigadores no había duda de quién disparó el arma que terminó con la vida de Roberto Del Balzo. Se trata de un efectivo policial que brinda servicios en Puerto Iguazú. Jorge Da Rosa no era un simple estudiante de abogacía oriundo de Jardín América. Fue apresado por robar y secuestrar en un comercio del interior provincial. Además sería luego la principal pieza para entender el móvil del crimen. Es que utilizaba el Handy con el que bloqueó la señal policial para enterarse de los accidentes de tránsito y llegar, incluso antes que la propia policía, para entregar la tarjeta de Del Balzo a las víctimas con el objetivo de quedarse con la causa judicial ulterior. Roberto Del Balzo no era bien visto entre sus colegas abogados. Según se supo, fue acusado por su propio hermano de forzar la firma de documentos que le otorgaban poderes para avanzar sobre patrimonios ajenos. Además varios letrados señalaron que habían sido difamados por este característico personaje para que sus clientes los abandonen y recurran a él. Por otro lado, en su profesión está prohibida la utilización de intermediarios para acceder a nuevos litigios; algo que le pudiera haber costado su matrícula. ALGUNAS PRECISIONES DEL MÓVIL Según la reconstrucción de los investigadores, los dos jóvenes habrían recurrido al letrado para “apretarlo” para que le pague una deuda que mantenía con Da Rosa. En la primera charla no lograron convencerlo, pero cuando volvieron, supuestamente llamados por el propio abogado, en la discusión aireada que mantuvieron estaría la llave para entender lo que pasó. Una de las hipótesis señala que Del Balzo los amenazó con contar una situación irregular en la que estarían vinculados. Palabras que habrían desatado la furia entre sus victimarios al tiempo de convertir el “apriete” en un “crimen”. La causa está ahora en manos del juez de Instrucción Horacio Gallardo quien deberá intentar atar los cabos sueltos antes de elevar la causa a juicio oral en donde se establecerán las condenas para los imputados. Mientras tanto se espera conocer las explicaciones de los acusados sobre las razones por las que cometieron el hecho aunque en la primera citación se negaron a declarar aconsejados por el defensor oficial que el Estado provincial les paga para que los defienda. Un crimen cerrado en cuanto a las personas que participaron pero con un final incierto y lleno de incógnitas. La muerte de Roberto Del Balzo, abogado del fuero local, fue el epílogo de una historia de engaños, dinero y aprietes. Acusado acechar nuevos casos que le propinaran mayores réditos económicos, murió en manos de su propio colaborador. Relato de un caso que manchó de sangre (·) POR HECTOR ADRIAN FAIN Ver mas notas en El País » |
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